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Opinión
domingo 3 de julio de 2016, 01:00

Bicicletas y otras yerbas

Por Guido Rodríguez Alcalá

No descuides los detalles porque un montón de briznas de paja detienen a un elefante, dice un proverbio oriental. Tratándose de proteger el medioambiente, hay una infinidad de detalles que, todos juntos, pesan: desde apagar la luz cuando no se la usa, hasta derrochar menos cartón y plástico. Que una persona lo haga o no lo haga no cuenta, pero si son millones de personas, el resultado es diferente. Por suerte, se generaliza la conciencia de la necesidad de proteger nuestro planeta, y el ejemplo se imita. Como ejemplo está el de la familia inglesa que, en todo un año, utilizó solamente una bolsa de basura (información de www.ecoportal.net excelente revista digital).

Dicho sea de paso, cada vez se usan menos bolsas de plástico en Europa, porque la gente lleva su bolsa de género al supermercado; es cierto que por allá la gente se aviva menos, y no es frecuente que alguien trate de meter algo de contrabando en su bolsa de género. De todos modos, está la alternativa de las bolsas de cuerdas, que no permiten ocultar nada, y que unas décadas atrás se usaban, hasta que el plástico se convirtió en símbolo de estatus. Hoy pide una bolsa de plástico el que se compra una caja de aspirina.

Tiene mucha importancia la utilización de fuentes de energía limpia (solar, eólica, hidráulica) en vez de las contaminantes como las de los combustibles fósiles (petróleo, carbón, gas), que se toma muy en serio en países más poblados, más industrializados y con menos recursos naturales. Alemania es un ejemplo con su Energiewende (cambio de energía): teniendo menos sol, utiliza un porcentaje mayor de energía solar. Allá no existe una ANDE, sino que la producción de electricidad está descentralizada; algunas localidades producen su propia electricidad y venden el excedente. En el Paraguay, más bien, tenemos un excedente desperdiciado con Itaipú y Yacyretá.

Además del cambio de energía, Alemania prefiere el ahorro de energía puro y simple hasta donde se pueda. Ahora ha comenzado a construir una autopista para bicicletas, si vale la expresión: serán más de cien kilómetros para unir ciudades vecinas en la zona de Mulheim y Dortmund; según los cálculos, con esa nueva vía se conseguirá que no se utilicen 50.000 autos ni se arrojen a la atmósfera 16.000 toneladas de anhídrido carbónico cada día, que viene a ser un progreso considerable.

En esto, sin embargo, están más adelantados los holandeses y los daneses, que han convertido la bicicleta en un medio de transporte habitual; un medio que es limpio, es práctico y ayuda a mantenerse en buen estado físico a las personas de edad, que pedalean como si tuviesen veinte años menos. ¿No se podría hacer algo parecido en el Paraguay? La bicicleta se ha vuelto popular, cada vez la usa más gente, pero a su costa y riesgo (porque los automovilistas son un peligro), o a costa de quienes van por la vereda y pueden ser embestidos. Quitado el peligro para ciclistas y peatones, se debería apoyar ese deporte, para convertirlo en transporte. Si hubiera bicisendas bien hechas y seguras, miles de personas de Asunción y sus alrededores utilizarían ese medio para ganar tiempo y salud; al mismo tiempo, se descongestionaría el tráfico de automóviles, y el aire sería más limpio.