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Opinión
martes 9 de agosto de 2016, 01:00

Benefactores

Por Elías Piris – Twitter: @eliaspiris
Por Elías Piris

¿Qué tienen en común personajes como Pablo Escobar Gaviria, Nelson Yacaré Po López, Carlos Rubén Chicharõ Sánchez y Jarvis Chimenes Pavão?

Antes de tratar de contestar la pregunta de introducción a estas líneas, valdría la pena recordar el estado de estupefacción de la prensa local con dos hechos acaecidos en las últimas semanas.

El primero, recordarán, fue el hallazgo del hotel de lujo que hacía las veces de celda del ya célebre Jarvis Pavão en el penal de Tacumbú.

Lo impresionante del caso no era el penthouse lleno de comodidades que ostentaba míster Jarvis en medio de la miseria humana que se arrastra por los pasillos de una penitenciaría colapsada.

Los sillones mullidos, la heladera repleta de comida, el sistema de aire acondicionado, su extravagante colección de libros y películas –el tipo resultó ser fans de la serie El patrón del mal– quedaron relegados a segundo plano al comprobarse no solamente la impunidad del narco a través de los años y los sucesivos directores, sino que se trataba de un auténtico benefactor de la cárcel.

Para muestra basta mirar en el archivo de los canales de televisión el testimonio de las madres de los demás reos que no la pasan tan bien como el susodicho. En resumen, lamentaron su traslado a la Agrupación Especializada porque les daba una ayuda.

Nuestra lógica diría que al menos una de estas señoras debería indignarse por la vida de príncipe del brasileño mientras sus hijos tienen –en el mejor de los casos– acceso a un colchón podrido lleno de vinchucas para posar el cuerpo a la intemperie haga frío, calor o llueva. Pero no, porque Pavão era servicial, una especie de karai guasu.

Héroes. ¿Y qué podría pensarse de alguien que da su plata para mejoras en la cárcel, comprar una máquina de leche y construir canchas de fútbol para los otros internos?

El segundo hecho fue el recibimiento digno de héroe que tuvo el intendente electo de la ciudad de Capitán Bado, Denilso Sánchez, hermano del también célebre Carlos Rubén Chicharõ Sánchez. Dos nombres estrechamente ligados a la narcopolítica.

El caso de Jarvis Pavão y Denilso Sánchez deja al desnudo un sistema enquistado hace añares en zonas completamente olvidadas por el Estado, donde el narcotráfico se constituye en el único poder real. La popularidad de los hermanos Sánchez y de Yacaré Po no es de onda nomás.

Personajes como estos, que amasan fortunas mediante actividades ilícitas, son quienes asisten a esas comunidades aisladas a cambio de silencio y una simpatía que los burgueses de la capital difícilmente podamos entender.

Ellos son el hospital que no está, el plato de comida en la mesa, ellos son la fuente de trabajo y en muchos casos hasta la educación de los chicos; por ende, lo que hagan para conseguir el dinero importa poco o nada, porque lo comparten.

¿Podemos pedir apego a la ética y a los valores en lugares en los que el estado de bienestar jamás posó la mirada?

Si no, habría que ir a los tugurios de Medellín a preguntar a la gente qué piensa y opina de Pablo Escobar.

Estoy seguro de que todavía lo extrañan.