27 de abril
Jueves
Despejado
22°
Viernes
Despejado
23°
Sábado
Despejado
12°
24°
Domingo
Mayormente nublado
15°
23°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Opinión
jueves 16 de marzo de 2017, 02:00

Autocrítica y debilidad

Por Gustavo A. Olmedo B.
Por Gustavo Olmedo

Comentaba un amigo que en el grupo de WhatsApp de un conocido club hubo una salida masiva de integrantes, molestos porque uno de ellos pidió que el grupal se mantenga para avisos institucionales –fin para el que fue creado–, evitando otro tipo de mensajes. "Esto es discriminación", "Con tanta mala onda, mejor me voy", "Así no se puede" fueron algunas de las expresiones de los miembros –todos adultos, mayores de 40 años– antes de retirarse.

El anecdótico hecho, refleja, sin embargo, un fenómeno cada vez más evidente en nuestra sociedad: la incapacidad de asumir algún tipo de corrección o llamada de atención que requiera cierta autocrítica.

Al final de cuentas, nos encontramos frente a adultos que no soportan el "dolor" de una equivocación o error, y, por lo tanto, prefieren alejarse, en vez de reflexionar o plantearse una pregunta con respecto a su accionar o pensar, aceptando un sano debate o el aprendizaje.

Este hecho me trajo a la memoria el material del articulista español Javier Benegas, quien analiza el fenómeno de la corrección política en los EEUU, que impulsa la generación de "espacios seguros", especialmente en universidades y otros ámbitos académicos, obligando a docentes y directivos a tomar los recaudos posibles para evitar términos, ejemplos o iniciativas que puedan herir la sensibilidad de alumnos, ser calificados de discriminativos o resultar ofensivos para alguien.

Es así que una exposición de arte samurái japonés corría peligro de suspenderse ante el temor de "herir la sensibilidad de alumnos chinos", comenta el autor. Y con esta lógica se termina cayendo en un círculo que lleva a la censura, la autocensura y/o la mediocridad, perdiendo la posibilidad del encuentro con posturas distintas, compartir espacios de sana confrontación y hasta conocer o asumir realidades desconocidas. Al respecto, Benegas advierte, con notable claridad, que, por el contrario, la maduración personal consiste justamente "... en la toma de conciencia de que el mal existe, en llegar a aceptar y encajar la contrariedad, el sufrimiento. Y, por supuesto, en aprender a rebatir los criterios opuestos".

Si bien es un fenómeno que se vive con más intensidad en EEUU y Europa, se trata –no obstante– de una cultura que lentamente va instalándose también en nuestro país, sin considerarse sus consecuencias. En vez de fomentar la cultura del miedo y exagerado proteccionismo, habría que buscar promover personalidades firmes; la educación de jóvenes y adultos seguros, capaces de enfrentar sus temores, crear "puentes" con otros, y asumir los riesgos que implican la historia, el presente, con todas sus contradicciones, así como el encuentro con el semejante.