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Mundo
viernes 1 de julio de 2016, 03:04

Australia acude mañana a las urnas sin un claro ganador en los sondeos

Sídney (Australia), 1 jul (EFE).- Unos 15,6 millones de australianos están convocados mañana a las urnas para renovar la totalidad del Parlamento, en unos comicios anticipados en los que las encuestas de intención de voto no vaticinan un claro vencedor.

Desde que el primer ministro, Malcolm Turnbull, anunciara a principios de mayo la disolución de las dos Cámaras legislativas y convocara comicios anticipados, la coalición Liberal-Nacional, que él lidera, y el opositor Partido Laborista, encabezado por Bill Shorten, han llegado prácticamente empatados a los comicios.

La última encuesta de Fairfax-Ipsos muestra que los laboristas y la coalición tienen 50 por ciento de los apoyos cada uno, aunque un sondeo de Galaxy, publicado por el grupo mediático News, da 51 por ciento a la coalición, frente al 49 por ciento que obtendría la oposición.

La urnas deben decidir los 150 escaños de la Cámara baja -con un mandato de tres años- de entre 994 candidatos presentados, así como la totalidad de los 76 asientos de la Cámara alta -un mandato de seis años-, de entre 661 aspirantes.

"¿Qué pasará si tenemos los votos suficientes?. Tendremos un Gobierno de coalición estable, que entregue su plan económico nacional, que consolide el presupuesto, con sus costes, totalmente financiado, claramente explicado y con la entrega dispuesta", dijo hoy el primer ministro en busca del apoyo masivo de sus electores.

Para Turnbull, los comicios son una prueba de fuego en la que busca que el pueblo lo reafirme como líder del país tras arrebatarle el poder a su antecesor, su compañero de partido Tony Abbott.

También persigue consolidar su liderazgo en la coalición, en la que los sectores más conservadores son reacios a sus ideas más progresistas.

En la campaña, Turnbull ha destacado su plan de creación de "empleos y crecimiento económico", que va acompañado de incentivos tributarios para las pequeñas empresas, el centro de su propuesta electoral, así como la transición de una economía apoyada en las materias primas a una cimentada en la innovación y la fuerte protección de las fronteras.

Su propuesta parece haberse visto beneficiada por las preocupaciones en torno a los efectos desestabilizadores del voto en el Reino Unido a favor de su salida de la Unión Europea.

La economía australiana, que comienza a desacelerarse tras 25 años de crecimiento sostenido, crecerá un 2,5 por ciento en el ejercicio fiscal 2016-17, con un déficit fiscal subyacente será de unos 27.651 millones de dólares (24.440 millones de euros), lo que equivale a un 2,2 por ciento del PIB.

Ante esa previsión, la agencia crediticia Standard & Poor's alertó de que Australia perdería la calificación AAA actual si no logra un superávit, lo que ha hecho sonar las alertas en el país tras el fin del auge minero y la crisis del sector manufacturero.

Por su lado, los laboristas han prometido un superávit presupuestario para el 2020-21 pero poniendo énfasis en la salud, así como en la educación y los derechos laborales, pero su admisión de que el déficit se agudizaría en el corto plazo antes de llegar a sanear las cuentas públicas no ha sido bien vista tras el "brexit".

"El pueblo australiano está muy preocupada por sus recortes al Medicare y sospecho que el pueblo australiano le dará un mensaje muy claro a Malcolm Turnbull: saca las manos", comentó hoy Shorten al reforzar su defensa del sistema universal de salud existente en Australia.

Al reto de la estabilidad económica se suma las preocupaciones en torno a la estabilidad del Gobierno ya que desde 2010 las gestiones tanto de los primeros ministros laboristas como de los de la coalición han sido interrumpidas por sus crisis de liderazgo.

Este período comenzó cuando la laborista Julia Gillard se convirtió en la primera mujer en ocupar el máximo puesto del Ejecutivo en 2010 al arrebatárselo a su correligionario Kevin Rudd.

Después formó un Gobierno en minoría con apoyo del Partido Verde e independientes, que volvió a pasar nuevamente a manos de Rudd en 2013.

Ese año, el conservador Tony Abbott ganó los comicios, pero tuvo que dimitir después de que Turnbull le arrebatara el liderazgo en la coalición el pasado septiembre.

A este escenario de alternancia, se ha sumando un Senado hostil, dominado por los laboristas, que ha tumbado varias regulaciones promovidas por la coalición gobernante.