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Opinión
sábado 13 de agosto de 2016, 01:00

Asunción de pokemones, capital de mis amores

Por Andrés Colmán Gutiérrez – Twitter: @andrescolman
Por Andrés Colmán Gutiérrez

Comenzamos mal cuando nos dicen que la ciudad fue fundada por un capitán español llamado Juan de Salazar, algún 15 de agosto de 1537, como si la tava y los tekoha que los kario guaraní ya habían levantado en el lugar no significaran nada.

Nadie les preguntó cómo se llamaba en su lengua ese pueblo previo, ni si les gustaba la idea de que se les cambie el nombre ante los registros de la historia. Es que en esa época los originarios no tenían prensa (y ahora tampoco).

Esta ciudad acunada junto al río nació blanca, castellana y católica, como La Muy Noble y Leal Ciudad de Nuestra Señora Santa María de la Asunción. Salazar ni siquiera fue el primer conquistador en descubrir el sitio. Juan de Ayolas ya había pasado antes por aquí, buscando la ruta de El Dorado, pero solo halló la de su propia muerte en Candelaria.

Ante la pérdida del nombre originario en guaraní, los campesinos tomaron prestado el nombre del país para designar a la ciudad capital: A Asunción la llaman Paraguaý, con el acento gutural "y" de agua. Como en la guarania de Flores y Ortiz Guerrero: "Ha ñasaindýrõ romongetáva/ che noviarãicha, Paraguaý".

De ese equívoco semántico nació el centralismo: La capital es el país entero. Nada existe si no existe en Asunción. Aquí se dirigen las movilizaciones y los reclamos de tierra adentro, en busca de atención. Aquí se halla el poder político, social y jurídico. Más allá de Calle Última solo habita un país de silencio y olvido, que a ratos se cuela fragmentario en los titulares de los medios periodísticos nacionales (en realidad, medios asuncenos).

A pesar de todo, Asunción es un sueño hecho ciudad, con sus rosados tajy reflejados en el blíndex de los shoppings, con sus notas de guarania y rock, con sus míseras chozas de hule y cartón frente a las mansiones de reluciente plástico y las añejas casonas coloniales. Hasta en la época más oscura del totalitarismo genocida, esta ciudad siempre nos ofreció un hueco hospitalario en dónde refugiarnos, alguna mesa generosa con una copa servida, alguna pared lavada en dónde pintar nuestras más tercas utopías.

En este 479 aniversario, como Flores y Manú, también quisiera enamorarla a la luz de la luna, pero se hace difícil.

La otra tarde juro que me pareció ver a la estatua de Juan de Salazar, esa que está desde hace añares frente al Cabildo, bajarse de su pedestal y buscar una canoa en la Chacarita, pidiendo que lo hagan cruzar con urgencia hacia el Chaco.

Fue cuando las radios y los medios digitales divulgaron la noticia de que el presidente de la Junta Municipal de Asunción, Hugo Ramírez, pidió por nota al director de Cultura, Vicente Morales, que designe guías para ayudar a atrapar pokemones en el Centro Histórico de Asunción, como parte de las celebraciones por el 479 cumpleaños.