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viernes 1 de julio de 2016, 01:00

Anécdotas del juicio de Curuguaty

Para un lego en jurisprudencia, como soy yo, el llevar varios meses siguiendo y asistiendo a las sesiones del juicio de Curuguaty ha sido la ocasión de extender los conocimientos y, sobre todo, de crecer en humanidad.

Un juicio muy serio y, al mismo tiempo, un juicio muy alegre. Muy serio porque uno palpa el dolor de los familiares de los campesinos masacrados y la pena de quienes, siendo inocentes, pueden ser condenados a 40, 25, 20 años de cárcel.

Muy alegre porque la capacidad de superar el dolor de nuestro pueblo campesino es muy grande, como es grande su fe en Dios. Y los que les acompañamos, con ellos, cantamos como cantaban los de las Ligas Agrarias y todos los que luchan por la justicia.

Hemos revivido momentos muy duros como aquel de la conversación por celular, el día 15 de junio, de un herido con su hermana, escondido en un matorral para evitar ser ultimado, al que ella encontraría luego ya cadáver en el hospital.

Hubo un día que titulé: “El Principito visita Curuguaty”. Uno de los abogados interrumpió la crítica a las acusaciones de la fiscala, contando su caso. Cuando tenía 5 años estuvo con sus padres ocupando una tierra del Estado para fundar allí un asentamiento. Gracias a ello pudo ir luego al colegio y llegar a graduarse como abogado en la universidad. Hoy defiende a los campesinos de Curuguaty, presos por entrar en tierras del Estado, para los que se piden muchos años de cárcel. Y lo hace convencido y feliz. Es que, como dijo el Principito: “El corazón tiene razones que la razón (aquí de los fiscales) no entiende”.

El domingo 26 un grupo grande de asuncenos celebramos el San Juan en el albergue donde están viviendo los presos con prisión domiciliaria. El lema fue: “San Juan dice que sí: absolución, ya”.