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Arte y Espectáculos
miércoles 13 de julio de 2016, 01:00

Amor como trasfondo del terror

Sergio Cáceres Mercado

Esta película de terror responde a la nueva temática de contar historias de miedo, pero con trasfondo sentimental. Un ejemplo pueden ser Mamá o La dama de Negro, estrenadas en Paraguay hace unos años. Aunque cumplen con todas las reglas del género, el desenlace es más bien una justificación de la maldad por medio del amor o sentimientos parecidos.

El gran talento frente a las cámaras del niño Jacob Tremblay, que fuera la estrella de la multipremiada Room, es aprovechado al máximo, lo que es clave para que la historia funcione. La inocencia del niño protagonista debe ser creíble, y Tremblay lo logra con creces.

Lo sobrenatural es como siempre tratado de comprender por medio de una investigación detectivesca, procedimiento que siempre se da para poder desentrañar el nudo. Lo que se va revelando aclara varios puntos acerca de los sueños del niño, pero otros quedan inexplicados no por error de la pesquisa sino porque forman parte del misterio sobrenatural.

Aunque involucre a varios niños en escena, no debe cometerse el error de llevarlos a ver esta película.

Hay varios momentos bien asustadores, a los que no deben ser expuestos los más pequeños, más aún porque verán a sus congéneres siendo afectados.

Justamente, los momentos de terror realmente son buenos, lo que ya la hace altamente recomendable para los amantes del género.

Como puntos débiles podemos citar su alta previsibilidad en algunos momentos; ser originales en este género es a estas alturas de la evolución del cine, una de las cosas más difíciles de lograr.

Calificación: *** (buena)