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Editorial
miércoles 15 de febrero de 2017, 02:00

Alerta de derrumbe en escuelas es un fracaso de este Gobierno

El ministro de Educación dispone de 18 millones de dólares para reparar y construir aulas de escuelas y colegios, y tuvo 9 meses de tiempo para resolver el problema de las instituciones que están en alerta de derrumbe, pero a escasos días del inicio de las clases avergüenza a todo un país que se mendigue ayuda a países amigos para paliar el problema. Tal es la situación de la educación en el Paraguay: aulas a punto de desplomarse, docentes llamando al paro y hasta la merienda escolar en riesgo. Esta es, sin lugar a dudas, una de las mayores expresiones del fracaso del actual Gobierno, porque es más que evidente que la educación no es una prioridad para Horacio Cartes. Sin inversión y gestión eficiente en educación el país estará condenado al fracaso.

El nuevo ciclo escolar se iniciará el próximo 23 de febrero, según el calendario del Ministerio de Educación, en medio de un ambiente caracterizado por la incertidumbre: el paro de maestros y la situación crítica de la infraestructura de las escuelas.

La realidad señala que, de 7.500 establecimientos educativos en todo el país, 3.900 se encuentran en una condición crítica, de los cuales a su vez 2.581 están en alerta roja. A 684 escuelas el Ministerio ni siquiera llegó para verificar la condición edilicia.

Esta es una información oficial y pública, conocida por todos, y repetida hasta el hartazgo. El MEC contaba con el instrumento de la Ley de Emergencia Educativa y los recursos asignados para afrontar la crisis de infraestructura. Con todo a su favor, el ministro Enrique Riera, al parecer, prefirió dormir sobre sus laureles y hoy, a 9 meses de la declaración de la Emergencia Educativa, pide ayuda a países amigos para obtener la donación de carpas para que los niños paraguayos puedan aprender a leer y a escribir.

Riera informó que se solicitó ayuda a ocho embajadas (Israel, Japón, Corea, España, Gran Bretaña, Colombia, Estados Unidos y Rusia). A todas ellas se pidió la donación de 100 carpas o aulas móviles para que los niños cuyas escuelas están en la lista de la alerta de derrumbe puedan estudiar al menos con seguridad.

El país sufre de graves problemas sociales, cuya solución requiere tiempo y recursos de los cuales carecemos, pero la emergencia de las escuelas que sufren el peligro de derrumbe no es uno de esos casos. Para eso se cuenta con los recursos: 18 millones de dólares están disponibles; con ellos se debería haber iniciado –al menos– el arreglo y la construcción de aulas.

La solución dependía exclusivamente de la capacidad de gestión de las autoridades del área educativa, pero, y parafraseando a nuestro gran escritor Augusto Roa Bastos, el infortunio sigue enamorado del Paraguay.

Las explicaciones del ministro suenan a excusas, y culpar a los legisladores a estas alturas ya no tiene sentido. Esta penosa realidad hace que el Paraguay de la imagen de un país improvisado, un país que tiene autoridades que a cinco días del inicio del periodo escolar piden socorro a países amigos, para resolver un problema para cuya solución existen hasta recursos financieros, que es de lo que generalmente se carece.

El Gobierno de Horacio Cartes debe demostrar un genuino interés por la educación. La retórica no sirve para superar las décadas de atraso. Hay que invertir más en la educación de los niños y de los jóvenes, pero también hay que invertir mejor. El futuro del Paraguay depende no solo de la inversión financiera, sino también en recursos humanos; esto es, los funcionarios deben ser los mejores y más comprometidos.