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Opinión
domingo 24 de julio de 2016, 01:00

Ahorrar para desarrollarse

César Barreto Otazú Miembro de Dende

El fin del superciclo de commodities nos obliga a buscar nuevos motores para que la economía nacional siga creciendo, creando puestos de trabajo y mejorando los salarios de los trabajadores para continuar incrementando la calidad de vida de nuestra gente. Para ello debemos enfocarnos en fortalecer aquellos factores determinantes del crecimiento económico de largo plazo. Incrementar la tasa de ahorro nacional e inversión productiva, aumentar el nivel del capital humano, invertir en investigación y desarrollo tecnológico, mejorar la asignación de recursos para aumentar la productividad, etc.

En esta oportunidad quiero referirme a la necesidad de incrementar el ahorro nacional, aprovechando que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha lanzado recientemente el libro Ahorrar para desarrollarse editado por Eduardo Cavallo y Tomas Serebrisky, cuyo título utilizo en este artículo. El escaso nivel de ahorro interno de los países de América Latina es una de las debilidades estructurales más importantes para incrementar el ritmo de desarrollo económico de nuestros países. La tasa de ahorro nacional promedio de los países de Latinoamérica está en alrededor del 18% del PIB versus la de los países asiáticos de rápido crecimiento que está en 35% del PIB.

Nuestro país está inmerso en esta misma problemática. Nuestra tasa de ahorro nacional está cercano al 18% del PIB.

En este sentido, debemos encarar reformas en distintas áreas que en su conjunto nos permitan incrementar el ahorro nacional, mejorar su utilización y de esta manera incrementar el ritmo de crecimiento potencial de nuestra economía en las próximas décadas.

El ahorro nacional es la suma de tres componentes: El ahorro del sector público (ingresos menos gastos corrientes), el ahorro de las personas y sus familias (ingreso disponible menos gastos de consumo) y el ahorro de las empresas (las utilidades no distribuidas a sus accionistas).

En términos de políticas públicas, quisiera enfocarme a reformas que puedan incrementar el ahorro del sector público y el ahorro de las personas.

Por un lado, debemos incrementar el ahorro público para financiar las inversiones en infraestructura básica y social que necesita nuestro país para mejorar su competitividad y aumentar el acceso de la gente a servicios públicos de buena calidad, como la educación, la salud, el agua potable, alcantarillado sanitario, energía, etc.

En este sentido, en primer lugar es necesaria una racionalización de la estructura organizacional del Gobierno central, dimensionar adecuadamente la necesidad de funcionarios en los diferentes perfiles profesionales, ajustar la dotación a estos requerimientos y establecer una política salarial predecible que apunte a remunerar competitivamente al capital humano y mantenga el poder adquisitivo del salario en el tiempo.

En segundo lugar, debemos reasignar los royalties que se reciben de Itaipú y Yacyretá (alrededor de USD 300 millones anuales) a crear un fondo de inversión exclusivamente en infraestructura básica y social.

Este fondo se administraría por un Consejo que priorice y apruebe los proyectos presentados por las reparticiones del Gobierno central o por los departamentos y municipios y que los desembolsos sean realizados en base a una fiscalización y control estricto de su aplicación en los proyectos previamente aprobados.

Por otro lado, es necesario incrementar el ahorro de las personas para asegurar su jubilación en sus años de retiro de la actividad laboral. El ahorro jubilatorio hoy representa menos del 10% del PIB y apenas un 25% de las personas en edad de trabajar aportan a una Caja o al IPS versus el 80% en países como Chile, Costa Rica y Uruguay.

Es necesario unificar el sistema de jubilaciones en un régimen de cotización obligatoria, que considere la realidad laboral del país donde más del 50% son trabajadores independientes, con reglas claras y supervisado por una Superintendencia de carácter técnico y profesional para asegurar la aplicación segura de los fondos jubilatorios.

Las reformas económicas que necesitamos no son fáciles, pero debemos encararlas con coraje y convicción si queremos seguir mejorando el bienestar de nuestra gente en las próximas décadas. Estas son solo algunas ideas.