El fin del poder político en un país sin muchas opciones en donde recibir pleitesía, honras, afectos y todo aquello que lo envuelve en el concepto prestado del sexo: erótica, es siempre un periodo traumático.
Cartes lo vive intensamente ahora y ya no controla los vientos ni las velas. Lo mueven todos aquellos interesados en sobrevivir... después de él. Le hacen creer que tienen los números en el Congreso para aceptar su renuncia para luego comprobarse que lo engañan incluso aquellos que siempre estuvieron alquilados. Sabe que no puede comprar a muchos y que los que estuvieron en la nómina solo esperan el momento para saltar del barco en agonía procelosa.
Está como el reloj de arena que en la parte de arriba solo tiene una escasa cantidad incapaz de ser controlada en su desplazamiento para abajo. El mismo que va cayendo lenta e inexorablemente a su fin.
Es el momento de mayor soledad para el presidente. Se están burlando de él quienes no hubieran sido nada sin su apoyo. Conspiran, cuchichean, pero aún falta lo peor. Cuando todo acabe, serán miles los que lo desconozcan e ignoren. Otros muchos serán implacables con él y varios cortesanos que para ponerse bien con el poder insurgente lo atacarán miserablemente.
Cartes no puede contra el tiempo. Solo tiene dinero y eso no es suficiente. Si hubiera gobernado para la gente esta tendría consideración a su persona, pero ahora 9 de 10 paraguayos lo desprecian y él lo sabe.
Acorralado por su pasado, que le grita relaciones incestuosas con el dinero y con un presente del que no tiene conciencia, claramente su futuro es negro. No hay Peñas que pueda sacar de la galera, no hay más gente que se jugaría por él. El presidente agoniza, y lo que hay que salvar es la presidencia.
Acaso la institución más importante del país hoy aparece sumergida en el descrédito y vaciamiento ético. No estimula y casi no controla nada. El tiempo juega en su contra y los que pretenden detener la caída de la arena del reloj solo buscan medrar de su angustia. El presidente es preso de su destino y como en las tragedias griegas, sabe bien lo que le espera y, por supuesto: no le gusta.
Tendremos todavía que soportar estos dos meses y medio que quedan. Se consumirá entre los silencios de sus aliados y el placer de la venganza de varios golpeados por su administración.
Hacen como que todavía le son fieles, pero claramente solo piensan en su propio destino. Lo acompañarán hasta el cementerio pero no se enterrarán con él.
Así es la política aquí y en todas partes. Se cosecha lo que se siembra y no se puede detener el paso del tiempo.
Sus más cercanos lo han humillado haciéndolo renunciar para luego convocar a tambor batiente una sesión para aceptar la misma. Los números no le dieron y fracasó. Lo peor, no tiene a nadie cerca que le diga que está desnudo y cada vez mas solo.
No hay angustia mayor que aquella derivada de la pérdida del poder. Los peores fantasmas aparecen en la vida de uno para convertirse en pesadilla; y lo terrible: todavía está muy lejos el 15 de agosto.