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Opinión
domingo 28 de mayo de 2017, 10:16

¿Adónde va el Brasil?

César Barreto Otazú Economista y directivo de Dende
Cuando parecía que la economía brasileña estaba empezando una lenta recuperación luego de tres años de profunda recesión, aparece nuevamente una fuerte crisis política en medio de serias acusaciones de corrupción contra el presidente Temer y muchos otros políticos brasileños. Este shock político es muy severo. El futuro de las reformas económicas fundamentales para el crecimiento de la economía brasileña, difícilmente pueda continuar avanzando si no logran recomponer la gobernabilidad, que es necesaria para aprobar las leyes requeridas para mitigar el problema de insostenibilidad fiscal que enfrenta actualmente.

Debemos recordar que Brasil necesita resolver el agudo y persistente déficit fiscal (en el 2016, el déficit fiscal estuvo en el 9% del PIB) para evitar un default y la crisis económica y social que tendría como consecuencia en el corto plazo. Para ello, el tope al gasto público aprobado recientemente fue un aliciente y la reforma previsional actualmente en discusión en el Congreso brasileño es de fundamental importancia.

El equilibrio macroeconómico actual es muy endeble. Está basado en la confianza que había logrado el gobierno de Temer al contar con una mayoría parlamentaria con la convicción de aprobar las reformas y el nombramiento de personas competentes para la conducción de la política económica (Henrique Meirelles en el Ministerio de Hacienda e Ilan Goldfajn en el Banco Central).

Esa mayor confianza permitió al Banco Central del Brasil reducir la inflación e iniciar un proceso de reducción de las tasas de interés hacia niveles más compatibles con la reactivación del crecimiento económico y sin mayores consecuencias en la cotización del real brasileño.

Para continuar con esta senda de equilibrio de baja inflación, reducción de tasas de interés, estabilidad del real y reactivación de la economía, es fundamental dar señales claras de contención del gasto público y una recuperación del superávit fiscal primario. Esto depende críticamente de la reforma de la seguridad social y de una fuerte disciplina presupuestaria en los próximos años.

Hoy, con esta crisis política, el proceso de reformas que son fundamentales, está en duda. Y eso es muy grave porque el déficit fiscal continúa muy alto (9% del PIB) y la deuda pública, que también es muy alta (78% del PIB), está creciendo aceleradamente. Por lo tanto, es imprescindible recuperar la gobernabilidad.

¿Por qué es importante esto para nosotros? El Brasil es nuestro principal socio comercial. Hay tres ciudades fronterizas que dependen críticamente del comercio con el Brasil y muchas personas cuyos ingresos familiares están supeditados a este comercio. Gran parte de las exportaciones de la maquila dependen del mercado brasileño y, por ende, los puestos de trabajo de las empresas maquiladoras.

Los royalties y compensaciones de Itaipú dependen de que las empresas eléctricas brasileñas paguen en tiempo y forma las facturas por las compras de electricidad de Itaipú y un 15% del Presupuesto General de Gastos de la Nación depende de estos royalties y compensaciones, y en una mayor proporción los presupuestos de todas las gobernaciones y municipios de todo el país.

O sea, la situación económica y política del Brasil, necesariamente, debe importarnos. Si bien nuestro país tiene la solidez fiscal y financiera y las reservas suficientes para soportar un shock de corto plazo, si las dificultades son muy profundas y duran por un periodo prolongado, sus efectos en nuestro país pueden ser muy significativos y nos obligará a realizar ajustes importantes para mitigarlos. Por lo tanto, debemos estar atentos y seguir muy de cerca esta nueva crisis política del Brasil e ir previendo los planes y políticas económicas de contingencia que sean necesarios para enfrentar los diferentes escenarios que puedan presentarse en los próximos meses y años.

Ojalá que por el bien de los brasileños y por su relevancia para nuestra economía, ellos encuentren lo más rápido posible una solución institucional que garantice la continuidad de las reformas económicas que encaminen definitivamente al Brasil hacia la estabilidad y hacia el crecimiento económico sostenido en los próximos años.