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Revista Vida
martes 19 de julio de 2016, 11:13

Abrazo germano-guaraní

Pese a la distancia, Paraguay y Alemania están unidos por una misma causa: buscar la educación y el bienestar de niños y jóvenes a través de padrinazgos que les ofrecen oportunidades para continuar los estudios.
Por Fátima Schulz Vallejos / Fotos: Fernando Franceschelli.

Hace muchos años, un alemán de nombre Bernd Immen llegó a Paraguay como director de un proyecto educativo de formación profesional en artes gráficas, sustentado por el Estado alemán. Durante su estadía, que duró siete años, conoció a su señora, la paraguaya Dina Martínez, quien se dedicaba principalmente a las artes plásticas y a la enseñanza de dibujo y pintura. Se casaron y tuvieron tres hijos. Al finalizar su misión en Paraguay, regresaron a la ciudad de Staufen, ubicada al suroeste de Alemania, al pie de la Selva Negra.
Bernd, quien pudo conocer y vivir de cerca las falencias y carencias del sistema educativo paraguayo, conformó con su esposa un proyecto destinado a "hacer algo" por los niños y jóvenes del país. "Tenemos la suerte de vivir en una sociedad donde nuestros hijos tienen igualdad de oportunidades y donde reciben una educación escolar organizada con toda la infraestructura e insumos necesarios. Pero nos parecía que en Paraguay esa igualdad no existía, entonces nuestro deseo como asociación era ofrecer esas oportunidades a niños y jóvenes. Nos orientamos a brindar una buena educación a chicos que valoran los estudios y no tienen oportunidades ni reconocimientos por su dedicación, sean cuales fueren sus capacidades y talentos. Esa es nuestra convicción y motivación. A esa utopía apuntamos", explica Dina, la presidenta de la asociación que fundó con su marido y a la que denominaron Gesellschaft Staufen-Paraguay (Sociedad Staufen-Paraguay), por ser el nexo que une a dos naciones.
El programa nació en el año 2004 y consiste en que los voluntarios —actualmente Paraguay cuenta con ocho, algunos exbecarios— propongan a los ahijados, que deben cumplir ciertos requisitos de elegibilidad, entre ellos, mantener buenas calificaciones, porque la excelencia académica es la principal exigencia. Además, que los padres del postulante trabajen, pero que aun así necesiten una pequeña ayuda para mantener a la familia. En definitiva, que sean chicos con escasas oportunidades.
Antes de que naciera la asociación, Dina y su marido ya estaban involucrados en temas sociales. Esas ganas de hacer algo por Paraguay comenzaron con ayudas para jóvenes estudiantes de nuestro país, que organizaban al principio de forma privada. "Vecinos o amigos nos donaban pequeñas sumas que enviábamos a estudiantes paraguayos. A finales del 2003, el colegio de nuestro hijo organizó un Bazar Navideño, donde se juntó una suma considerable que ya no quisimos enviar de forma privada al país. Entonces, con otros padres, vecinos y amigos, decidimos fundar la asociación", recuerda Dina.
El acta oficial se firmó en junio de 2004. Con el dinero del Bazar Navideño financiaron sanitarios modernos para una escuela del Asentamiento Campesino Maracaná, de Curuguaty. En sus estatutos —continúa Dina— contemplan la ayuda tanto a comunidades, grupos y organizaciones nacionales, como también el otorgamiento de becas por medio de padrinazgos. "Creemos que cada joven con una profesión que le ayude a establecerse y a tener una vida digna en Paraguay es un logro inmenso. Ya son varios los que, a lo largo de 12 años, lo han logrado", dice orgullosa.
Aunque el programa se enfoca en el bienestar social y educativo de los beneficiarios, el intercambio intercultural que se da a partir de esto entre Paraguay y Alemania es un aspecto muy importante del trabajo de la asociación, que vale la pena destacar. Los ahijados envían cartas escritas de puño y letra a sus padrinos que viven en el país germano. Allí son traducidas por la asociación, que les hace llegar los textos a los padrinos y viceversa. "Las cartas se escriben a mano, porque lo que se busca es mantener el contacto interpersonal entre ambas familias", resalta Alicia Quiñónez, la coordinadora general de la asociación en Paraguay.
Leticia Sosa (27) fue becada desde el 2005 hasta que terminó la universidad, el año pasado. Cuando culminó el bachillerato, sus padrinos vinieron al país para llevarla con ellos a Alemania, donde vivió durante un año y realizó una pasantía laboral. Allá forjó lazos con ellos y los adoptó como su segunda familia en el Viejo Continente. "Nosotros ya tenemos un contacto más cercano, entonces ya nos comunicamos por mail, WhatsApp o Skype", añade la también voluntaria y coordinadora administrativa local de la asociación.

Motivación
Staufen2
Momentos. El idioma no es un impedimento. Fechas festivas, vacaciones o reuniones familiares, cualquier excusa es válida para enviarse cartas y contar experiencias.
Momentos. El idioma no es un impedimento. Fechas festivas, vacaciones o reuniones familiares, cualquier excusa es válida para enviarse cartas y contar experiencias.
Asumir la responsabilidad hacia personas de un país lejano no debe ser fácil para nadie y menos para una sociedad tan estricta y conservadora como la alemana. Sin embargo, al ver acciones tan desinteresadas, uno se pregunta cuál es la motivación para seguir acompañando un proyecto tan desafiante como este. "Aunque ellos envíen dinero de aquí (Alemania), la mayoría de los padrinos son personas comunes como nosotros, trabajadoras y comprometidas. Apoyan a la asociación porque somos una organización pequeña con sede regional y de mucha credibilidad. En la prensa local (alemana) han aparecido muchos reportajes sobre nuestro trabajo y nos hemos constituido en una entidad confiable. Un donante o padrino que tiene buena experiencia motiva a otras personas a ser madrinas por medio de la asociación", describe Dina.
Ella destaca que en Paraguay hay ejemplos y resultados visibles de la ayuda, ya que varios becados visitaron Alemania invitados por sus padrinos. Además, la organización envía anualmente jóvenes alemanes a nuestro país, quienes acompañan el trabajo de las coordinadoras paraguayas y enseñan inglés y alemán a los becarios. "Existe un intercambio permanente y nuestro trabajo es abierto y transparente. Eso motiva a la gente a ayudar, a confiar en los jóvenes paraguayos y apostar por ellos aun sin conocerlos personalmente", asegura.
Basada en los años que lleva viviendo en el país teutón, Dina piensa que "la visión que tienen los alemanes de los países latinoamericanos es la de una sociedad que no se rinde y que sobrelleva con optimismo las dificultades y mira el futuro con esperanza".

Lazos fraternales
Laura Antonella y Laura Leticia Torres Aguilera (16) son mellizas, de Capiatá. Ellas están cursando el bachillerato y hace seis años que reciben la beca de la Asociación Staufen-Paraguay, que busca ayudar a niños y jóvenes del país. Llegar hasta este momento fue una carrera de resistencia, perseverancia y decisión firme para ellas.
Cuando Leticia Sosa expuso el caso de ellas como candidatas a la beca, la situación familiar de las hermanas era muy complicada. Sus padres son dueños de un almacén y tenían a su cargo a una tía y un abuelo enfermo, por lo que la ayuda fue muy oportuna. "No nos esperábamos recibir la noticia, fue muy linda. Gracias a esta beca aprendimos y sobrellevamos muchas cosas, tanto con nuestra familia como con nuestros estudios, porque hace que el colegio no nos pese tanto a nosotras ni a nuestros padres. La experiencia es muy buena, por eso siempre les agradecemos muchísimo a nuestros padrinos y les escribimos constantemente para contarles sobre nuestra vida y nuestra familia, para que nos conozcan y que algún día nosotras también podamos conocerlos a ellos", detalla Leticia, la más risueña de las mellizas.
Diana Caballero es una joven estudiante de Tecnología de Producción, tiene 24 años y vive en Capiatá. Desde los 14 años, ella es beneficiaria de la Asociación, apadrinada por un Círculo Ecuménico de Mujeres Católicas y Evangélicas. Hace 10 años que guarda todas las cartas y regalos que intercambia con varias de sus madrinas e incluso hijas de estas, que interactúan con ella desde Alemania. "El año pasado me casé. Este año me recibo de licenciada y el padrinazgo continúa hasta que termine la universidad, porque la idea es que si logramos capacitarnos y conseguir un título, podamos subsistir solos", afirma.
A pesar de la distancia, tanto Diana como las demás becarias intentan hacer partícipes de sus vidas a sus padrinos teutones, de cualquier suceso familiar, personal o escolar, porque consideran que la distancia no es un impedimento para ello. Comparten libros, películas e historias, como si el lazo fuera mucho más cercano de lo que es en realidad. También tarjetas y postales que conmemoran fechas festivas o fiestas familiares, a través de palabras manuscritas, como reafirmando que el vínculo es real, pese a las distancias geográficas y al huso horario.
"La ayuda que ellos nos dan es muy importante, porque sabemos que también representa un sacrificio y un compromiso. En mi vida tuve algunas caídas, como no ingresar a la facultad que quería, y pensaba que mi beca terminaría allí, porque ellos podrían decepcionarse conmigo. Sin embargo, me siguieron ayudando. Y uno busca no fallarles y retribuirles de alguna manera ese compromiso", señala Diana.
Las coordinadoras destacan, además del intercambio cultural, el vínculo que se genera a partir del padrinazgo entre chicos y adultos de dos naciones tan distintas. "Cada caso es único. La asociación puede tener 200 ó 300 ahijados y masificar, dándoles un monto mensual a todos, si se tratara solo de ayuda o dinero. Pero no es eso, se trata de acompañar a la familia, que no se pierda ese nexo y crear un vínculo", afirma Alicia.
Historias hay muchas, pero en esta queda claro que los preconceptos y la distancia se hacen a un lado cuando se trata de cambiar una vida.
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Beneficiarios
La Sociedad Staufen-Paraguay beneficia actualmente a 80 niños de Capiatá, Lambaré, San Lorenzo, Bañado Sur y Curuguaty. Historias abundan, como el caso de una enfermera que fue becada hasta que terminó su carrera, y hoy es su hija quien hace usufructo de esa ayuda. "Hay padrinos que son muy pacientes, a quienes no les importan mucho las calificaciones, por lo que igual siguen apoyando a sus ahijados, incluso pagando clases de apoyo. Sin embargo, hay otros que son más exigentes y deciden buscar otro ahijado que sí aproveche la oportunidad", cuenta Leticia Sosa. Alicia Quiñónez explica que si bien en Alemania ya está constituida la asociación y realizan eventos anuales para recaudar fondos, en Paraguay todavía están en el proceso de realizar la personería jurídica y tener establecido el estatuto.