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miércoles 23 de agosto de 2017, 01:00

A todas las horas

Hoy meditamos el evangelio según San Mateo 20, 1-16 .

El Señor sale a contratar obreros para su viña a horas muy diversas y en situaciones distintas. Cualquier hora, cualquier momento es bueno para el apostolado, para llevar obreros a la viña del Señor, para que sean útiles y den frutos. Dios llama a cada uno de acuerdo con sus circunstancias personales, con su modo de ser peculiar, con sus defectos y también con la capacidad de nuevas virtudes.

Pero son incontables quienes quizá mueran sin saber apenas que Cristo vive y que trae la salvación a todos, porque nadie les transmitió la llamada del Señor.

¿Vamos nosotros a estar parados, sin hablar de Dios? “Me dirás, quizá: ¿y por qué habría de esforzarme? No te contesto yo, sino San Pablo: el amor de Cristo nos urge (2 Cor 5, 14). Todo el espacio de una existencia es poco, para ensanchar las fronteras de tu caridad”.

El papa Francisco a propósito del evangelio de hoy dijo: “Había mucha necesidad en la viña y este señor pasó casi todo el tiempo yendo por las calles y las plazas del pueblo buscando trabajadores”.

Al respecto, ha invitado a pensar en los que buscó a última hora, nadie les había llamado, quién sabe cómo podían sentirse, porque al final del día no habrían llevado a casa nada para dar de comer a los hijos. Por esta razón, el Santo Padre ha dicho que esta parábola es un buen ejemplo para los responsables de la pastoral.

Otro aspecto profundizado por el Santo Padre ha sido a través de una advertencia: “no acudamos a la voz de las sirenas que llaman a hacer de la pastoral una serie convulsa de iniciativas, sin conseguir recoger lo esencial del compromiso de la evangelización. Francisco ha señalado que a veces parece que estamos más preocupados por multiplicar las actividades más que por ser atentos con las personas a su encuentro con Dios.

“Una pastoral que no tiene esta atención –ha indicado– se hace estéril poco a poco. Asimismo, ha querido recordar que una pastoral sin oración y contemplación no podrá nunca alcanzar el corazón de las personas”.

(Del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal y http://es.catholic.net).