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martes 6 de junio de 2017, 01:00

50 años de la guerra de 1967

Peleg Lewi*

Esta semana marca 50 años desde la impresionante victoria de Israel en la guerra de 1967, conocida como la Guerra de los Seis Días, que cambió dramáticamente el panorama de Oriente Medio. En su guerra defensiva contra los ejércitos hostiles, Israel prevaleció y reunificó su antigua capital, Jerusalén. Sin embargo, a pesar de todo el cambio que ha producido, la guerra de 1967 es menos una causa de las realidades actuales de lo que a menudo se piensa. El agresivo cerco militar sobre Israel en mayo de 1967, que desencadenó la guerra, derivó del rechazo fundamental de los árabes y palestinos al derecho de Israel a existir, sean cuales fueren sus fronteras. Este rechazo es la razón por la cual aún no reina la paz.

En 1947, las Naciones Unidas adoptaron el plan de partición para crear dos Estados, uno para los judíos y otro para los árabes. La población judía aceptó el plan, pero la gran mayoría de los árabes prometió no reconocer nunca a un Estado judío en su seno y rechazó el acuerdo.

Cuando Israel declaró su independencia el 14 de mayo de 1948, los estados árabes que rodeaban a Israel declararon una guerra de aniquilación e invadieron el Estado naciente. Después de una feroz lucha, se alcanzó un alto el fuego en 1949.

Desde 1949 hasta 1967, la parte oriental de Jerusalén y Cisjordania fueron ocupadas por Jordania y administradas desde su capital, Ammán, mientras que la Franja de Gaza fue ocupada por Egipto. La población judía fue expulsada del territorio controlado por los jordanos.

Sin embargo, a pesar de la oportunidad, los estados árabes no hicieron ningún esfuerzo para establecer un Estado palestino en las áreas controladas por Jordania y Egipto.

En 1967, Egipto y los otros países árabes prepararon otra guerra de aniquilación contra Israel. Rodeado de naciones árabes hostiles que no ocultaron su intención de destruir el Estado judío, Israel no tuvo más remedio que luchar por su existencia.

Contra todos los pronósticos, Israel prevaleció en su guerra de defensa y en el curso de la lucha tomó el control de Cisjordania, las Alturas del Golán y el desierto del Sinaí (al que más tarde renunció a cambio de la paz con Egipto).

Por primera vez desde la independencia de Israel, los judíos ahora tenían acceso a los sitios más sagrados del judaísmo y a los monumentos históricos de Jerusalén, incluyendo el Muro Occidental y el Monte del Templo en la Ciudad Vieja. Jerusalén, que había sido la capital geográfica y espiritual del pueblo judío durante miles de años, fue reunificada.

Israel se había esforzado por lograr la paz con sus vecinos árabes desde 1948; este deseo está consagrado en su Declaración de Independencia. Ahora, al final de la guerra de 1967, Israel anunció que estaba preparado para negociar y comprometido con la paz.

La respuesta árabe, anunciada en la cumbre de la Liga Árabe en Jartum el 29 de agosto de 1967, fue una vez más un verdadero rechazo a Israel, los famosos "Tres No": "No a la paz con Israel, no al reconocimiento de Israel y no a las negociaciones con Israel".

Desde entonces, Egipto y Jordania llegaron a aceptar a Israel. Sin embargo, la negativa del liderazgo palestino a reconocer al Estado judío ha sido reiterada una y otra vez, precisamente en detrimento de israelíes y palestinos por igual.

Israel continúa extendiendo su mano de paz. La paz llegará cuando el liderazgo palestino entienda que el camino hacia el logro de sus metas no viene a través del odio, la violencia y el rechazo de Israel, sino a través del reconocimiento y la coexistencia.

*Embajador de Israel en Paraguay