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Opinión
domingo 17 de julio de 2016, 01:00

14 de julio sangriento

Por Guido Rodríguez Alcalá

Cuando estaba en la secundaria me enseñaron que el atentado de Sarajevo de 1914 fue la causa de la Primera Guerra Mundial. Con mis limitadas nociones de historia me preguntaba cómo fue posible que unos pocos terroristas (alrededor de una docena) pudieran haber provocado un conflicto de nivel mundial en el que murieron millones de personas. Ahora veo que la realidad era más compleja pero, con todo, sigo con la impresión de que el daño que puede hacer un grupo, e incluso un solo terrorista, va mucho más allá del daño causado directamente a los afectados por la acción criminal (muertos, heridos, familiares). Aunque la pérdida de vidas humanas siempre sea un hecho lamentable, las provocadas por un atentado criminal son más funestas que las provocadas por un accidente.

La incalificable masacre del 14 de julio en Niza ha tenido repercusiones mundiales. En Francia, ha hecho disminuir la popularidad del presidente François Hollande, acusado de no haber tomado todas las medidas de seguridad necesarias. Sin embargo, Niza es una de las ciudades francesas con mayor seguridad, porque allí se celebra uno de los mayores carnavales del mundo, y sus habitantes no quieren perder esa tradición. Por otra parte, los servicios de seguridad franceses, alertados por el atentado de noviembre pasado en París, no tenían un prontuario sobre el conductor del camión que causó la muerte a más de ochenta personas y dejó a otras más en un estado de mucha gravedad.

El asesino, Mohamed Lahouaiej Bouhlel, había tenido un problema con la Justicia por agresión personal, pero se trataba de un delito común, y no del tipo terrorista. Para los investigadores, no está claro si el atentado fue una operación del Estado Islámico o se trató de la acción personal de un hombre seducido por la propaganda extremista. No está confirmado, como han afirmado algunos políticos, que Bouhlel hubiera sido un agente del Estado Islámico. Sin embargo, muchas veces se prefieren las explicaciones más fáciles, para obtener un beneficio político. Marine Le Pen, presidenta del Frente Nacional, partido de derecha francés, acusó a Hollande de no haber sido firme en su lucha contra el terrorismo islámico; de no haber emprendido una "guerra ideológica" contra el fundamentalismo. Lo de guerra ideológica me suena a cacería de brujas, sin negar por eso que el Estado deba castigar las acciones criminales.

En los Estados Unidos, Donald Trump aprovechó el atentado de Niza para atribuírselo al Estado Islámico, decir que existe una guerra mundial, y que él usará la OTAN si llega al poder. Más sensata fue la opinión de Hillary Clinton: para anticipar e impedir atentados terroristas se debe mejorar y compartir la información de inteligencia.

Plenamente de acuerdo. Con mejor inteligencia, la policía hubiera detenido a tiempo al terrorista de Niza, al que terminó abatiendo. Sin inteligencia, la militarización de la lucha contra el terrorismo conducirá a la muerte de inocentes; precisamente lo que se debe evitar. El empleo del ejército, y mucho más el de la OTAN, no pecará por falta, sino por exceso de fuerza, agravando el conflicto ya existente en Oriente Medio y más bien favoreciendo su prolongación por varios años más.